Con la extracción de aceite, mujeres superan la marginación y el “repudio”

Las cooperativas de Marruecos tienen rostro femenino.


Redacción La Coperacha
Ciudad de México // 23 de julio de 2015

En el Magreb, el norte de África, existe un árbol de nombre argán y del que se puede extraer un aceite que se ha ganado el mote de “oro líquido”. Sus propiedades que ayudan a la regeneración celular lo han convertido en un producto deseado en el mercado de los cosméticos, pues con él se pueden fabricar productos únicos como jabones, lociones, cremas, etcétera.

Sin embargo, este aceite representa para la zona suroeste de Marruecos, un rasgo cultural muy importante, pues su extracción requiere un paciente trabajo artesanal que a lo largo de la historia de la región ha recaído como actividad esencial de las mujeres.

Luego de una sobreexplotación por varias décadas, el árbol de argán fue colocado al borde de su extinción, aunque en los últimos años organizaciones cooperativas han fomentado cambiar esta situación a través de la recolección y extracción de manera sostenible.

Así, muchas mujeres agrupadas en cooperativas buscan mejorar condiciones económicas, superar el maltrato, acabar con la marginación y sacar adelante a sus familias.

Mujeres
Entre las experiencias cooperativas de las que hablamos está Tigemine, una cooperativa conformada por mujeres que trabaja en el sur de Marruecos, en específico, en el “Valle de Ourika”. Muchas han sufrido el “repudio” de sus maridos, colocándoles así en una posición de proveedoras de sus respectivas familias.

Aunque en las últimas décadas la mujer ha ganado un espacio en la esfera pública dentro del entorno árabe- islámico, en las provincias esto ha sido más lento. Aunque el “repudio” hoy en día está prohibido por la ley marroquí, por mucho tiempo significó el derecho que el hombre tenía para separarse de su esposa sin justificación alguna.

Junto con la poligamia, el “repudio” todavía tiene huellas en muchas provincias de Marruecos. Esto ha puesto a muchas mujeres en la necesidad de trabajar además de realizar las labores del hogar; lo anterior en un ambiente en el que el varón es visto como el proveedor y protector de la mujer, es decir, como el único sostén familiar.

Árbol único
El argán crece en zonas semidesérticas. Hay noticias de que existen algunos ejemplares en Andalucía, España. En México se encuentra una variedad en ciertas zonas del norte pero éstas no producen el fruto del que nace el apreciado aceite.

Este árbol echa raíces profundas pues busca alcanzar agua en el suelo semidesértico, su crecimiento es lento y puede alzar los 8 metros, mientras que su raíz alcanza los 10 metros. Del argán se provecha su robusta madera para la ebanistería y ha sido parte importante en la alimentación, cuidado de la salud y de la cultura de las etnias “Bereberes” del norte de África.

La sobre-explotación durante los periodos de las guerras mundiales minó su población colocándole en una situación de debilidad. Así, la zona de población de árboles se limitó a cerca de 700 mil hectáreas que principalmente se hallan en Marruecos y una parte en Argelia.

En 1999 la Organización de Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) incluyó los bosques de argán dentro de la Red de Reservas Mundiales de la Biosfera por su importancia ecológica y económica de la región. Ya que estos árboles combaten la desertificación y la erosión del suelo. Casas, muebles, medicinas, lociones, jabones y más derivados pueden producirse de este árbol que en apariencia es sencillo.

Oro líquido
Extraer el “oro líquido” requiere también de un paciente trabajo de parte de las mujeres que lo hacen mediante métodos tradicionales heredados. Primero hay que emprender una caminata entre los árboles de argán, con una vara sacudir las ramas y luego recolectarlas, después se pondrá a secar para que su cáscara se desprenda.

Con ayuda de piedras las mujeres parten la segunda capa de corteza dura, para luego molerlas, dependerá el uso final si éstas se muelen en frío o se tuestan. Después del lento molido quedará una pasta que reposará varios días, formada en bolas se irá exprimiendo con las manos hasta extraer un transparente aceite.

Estas actividades llevan muchas horas de trabajo, en el caso de la cooperativa Tigemine cada mujer invierte unas 8 horas diarias. Para tener dimensión de este esfuerzo, para conseguir un litro de aceite de argán se necesitan entre 30 y 40 kilos del fruto limpio y se invierten alrededor de 15 horas de labor.

La práctica para extraer el aceite de argán es una herencia de la cultura de los “Bereberes”, su conocimiento se ha transmitido por generaciones; y debido a su importancia cultural, el año pasado esta técnica artesanal fue designada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Cooperativas
Una de las primeras experiencias cooperativas en el trabajo con el argán, nació en hace casi 20 años. En 1996, una asociación promovió la creación de la cooperativa Amal de Tamanar, que con la colaboración de la Universidad de Rabat lograron fortalecer este proyecto que en 2001 ganó el premio de la biodiversidad “Slow Food”.

Luego se logró constituir “Targamine” una agrupación encargada de revisar la calidad, buscar nuevos productos, pero sobre todo promover la comercialización de lo que varias cooperativas producen.

Así comenzó un importante movimiento de cooperativas que trabajan en la extracción de argán y sus derivados hace unos 15 años. Con el financiamiento de embajadas como la canadiense en Marruecos y el Ministerio de Turismo, comenzaron a proyectar el “oro líquido” a nivel nacional e internacional.

Para el año 2004 había conformadas unas 30 cooperativas dedicadas a la extracción del aceite de argán y derivados, en donde además de fomentar y organizar el trabajo productivo, también se incluía un programa de alfabetización.

Hoy en día, el cooperativismo de Marruecos tiene cara femenina, y es visible gracias a la exposición que han dado las mujeres que trabajan el argán. Hasta 2012, la Oficina de Desarrollo y Cooperación de Marruecos contabilizaba unas 1,300 cooperativas de mujeres en diversos procesos, principalmente artesanales.

El “oro líquido” que desde hace poco conquista el mercado europeo, que regenera y humecta los rostros más exigentes, también ha logrado regenerar y cicatrizar las marcas del “repudio” y la marginación que han sufrido numerosas mujeres marroquíes.

Foto target=”_blank” class=”txtnota”>«Argane oil production» de Chrumps – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia GFDL vía Wikimedia Commons

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