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Pixca Campesina: la agricultura orgánica significa independencia
Las vacas de la cooperativa viven felices y sin estrés en un paisaje del Ajusco.

Redacción La Coperacha
Ciudad de México // 30 de abril de 2018

El auto que usó Marichuy durante su recorrido por el país en busca de recolectar firmas para aguar la fiesta a los partidos políticos descansaba, medio averiado, en el paraje del ejido de San Nicolás, donde viven las vacas de la cooperativa Pixca Campesina.

El carro de la vocera del CNI fue remplazado por el auto familiar de los socios de la cooperativa. Los integrantes de Pixca Campesina se identifican con la lucha de los pueblos pues ellos mismos se reconocen como hijos de una comunidad de las faldas del Ajusco. Son campesinos desde los abuelos.

“Nos reivindicamos con algunas posiciones políticas encaminadas a la conservación y la defensa del territorio de nuestra comunidad, pertenecemos a un pueblo originario, somos parte del ejido de San Nicolás Totolapan”, dice Gerardo, matemático y académico universitario especializado en ciclos productivos que regeneran la tierra ajusqueña.

La cooperativa Pixca Campesina se dedica a la producción de leche orgánica y derivados lácteos como manchegos, provolones, panelas, oaxacas, goudas, yogures y requesones; así como a la agricultura de hortalizas y papas libres de pesticidas y químicos.

Vacas libres de estrés
Los jóvenes Cora y Gerardo, con sus pequeños hijos, dedican horas a cuidar y alimentar a los becerros que hace pocas semanas nacieron. Con un biberón que apenas puede cargar, la hija de Cora le ofrece leche a Lucero, una vaquita Jersey recién nacida.

En la Pixca todas las vacas tienen nombre. Pastan pero no depredan el bosque, lo hacen en una área delimitada que luego descansará y será regenerada por los fertilizantes orgánicos que produce la cooperativa.

Las Jersey se alimentan con forrajes, gramíneas y leguminosas producidas en la región, libres de hormonas. Explican que el método de ordeña es con máquina ordeñadora, de una en una, sin sujetar a la vaca para evitar cualquier estrés.

Agricultura orgánica, la herramienta
En mangas de camisa, Gerardo junto a su madre, María Eugenia, limpian el establo, sacan a cielo abierto el estiércol, lo extienden y encima le echan harina de rocas de un temazcal, hojas, tierra y otras materias primas para hacer compostas y biofertilizantes. Es el inicio del ciclo de conservación de esta tierra, del equilibrio y la agricultura orgánica.

Son parientes de la sociedad de producción rural Xochimancas, pionera en asuntos de agricultura limpia. Ahora miran la agricultura orgánica como “una herramienta de transformación social” que evita la dependencia de los campesinos de insumos producidos por la agroindustria: fertilizantes, ureas y otros químicos.

“Te venden los fertilizantes solubles que cada vez están más caros, las semillas, te venden todo y vas generando una dependencia. Entonces la agricultura orgánica va generando una independencia y eso una transformación social”, afirma Gerardo.

Frescura certificada
Las hortalizas y papas orgánicas las producen en otros sitios, pues el bosque del Ajusco no es el mejor para esta producción, explican. Aunque poseen una certificación nacional, apuntan que el futuro es la certificación participativa, libre de lucro.

“La certificación participativa debe ser el camino para la comercialización de nuestros productos y de los pequeños productores hacia mercados más locales, cooperativas de consumo, mercados alternativos donde sea directo el trato entre productor y consumidor”, dice el matemático.

Las hortalizas las distribuyen a través de empresas comercializadoras, los lácteos vía la cooperativa Carabina 30-30, ubicada en Santo Domingo, Coyoacán, o a través de pedidos por correos electrónicos o su página de Face, La Ordeña Leche Orgánica.

Al pie del establo tienen una pequeña cabaña. Explican que el paisaje boscoso no se ha transformado en 30 años. Colocan un mantel sobre una mesa, acercan unas sillas, sirven el café, unas tortas y ya está el almuerzo.

El manchego tiene la frescura de este páramo donde se avistan búhos, águilas, coyotes y perros ferales que dueños pierden. Abajo de este picnic una nata gris cubre la ciudad.



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