Las nuevas generaciones de Pascual portan el legado social

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Alfonso Sangines, de las juventudes de Pascual, recuerda al líder obrero Demetrio Vallejo

Para amar a la cooperativa es necesario saber que venimos de una lucha: Adrián Neri.

Las nuevas generaciones de socios y socias de la cooperativa Pascual son herederas del movimiento obrero del que nació la propia cooperativa hace cuatro décadas. Son mujeres y hombres que portan el ADN social.

La fuerza laboral de Pascual se divide en dos grandes grupos: colaboradores y socios. Ser socio es una conquista, significa asumir la responsabilidad de cuidar el buen funcionamiento de la cooperativa y sostener sus beneficios laborales, así lo explica Héctor Martínez Cruz, presidente del Consejo de Administración de Pascual.

Además, “nos permite participar en la asamblea general y con ello, en la toma de decisiones”, menciona Martínez Cruz, quien se convirtió en socio en 2017 a la salida de su padre, 15 años después de haber ingresado a trabajar en el área de asuntos legales.

La generación del 96
La cooperativa Pascual se constituyó a finales de 1984 con alrededor de mil socios fundadores y fue en 1996 cuando ingresó la primera generación de nuevos socios, algo que en su momento denominó la “sangre nueva”.

Entonces se incorporaron empleados y familiares, principalmente, hijos de socios fundadores. Para ser socio se debe tener un expediente laboral impecable, ser puntual, responsable y tener disposición para el trabajo. Además, ser aceptados en una asamblea general, tomar protesta y capacitarse en cooperativismo.

Adrián Neri, actual presidente del Consejo de Vigilancia, recuerda que “si había necesidad de descargar los camiones con azúcar, independientemente del cargo que se tuviera, todos le entrábamos de manera general”. Neri ingresó como obrero general en 1988, en el área de “Producción Botella” donde ha llegado a ser responsable del área. En 1996 se volvió socio cooperativista.

A partir del año 2000 el ingreso de sangre nueva a Pascual ha sido más dinámico, en la actualidad entran alrededor de 20 a 50 socios por año. Se han incorporado la segunda y la tercera generación de nuevos socios y está en puerta la cuarta. Representan el 70% de la asamblea, mientras que los fundadores en activo se cuentan con los dedos de una mano.

Las nuevas generaciones en Pascual son reconocidas entre los mismos socios como personas preparadas, con una profesión, “con el chip de la tecnología”, pero también enfrentan retos y desafíos, por ejemplo los socios fundadores planteaban que la cooperativa debía ser un proyecto social, económico y político.

Héctor Martínez y Adrián Neri reconocen el legado social que portan las nuevas generaciones.

Preparar el cambio con conciencia 
Para el luchador social, Francisco Saucedo, acompañante de varios procesos del cooperativismo y del movimiento urbano en la CDMX, el cambio generacional es algo que deben preparar todas las organizaciones del sector social. 

La pérdida de la identidad es algo que ha ocurrido continuamente. “Pocas personas saben que lo que hoy es Walmart tuvo en su origen una cooperativa de consumo”, recuerda Saucedo. Para evitar ese abandono de identidad, dice Saucedo, hay que dotar de significado a la educación cooperativa; fortalecer los liderazgos que se construyen desde las prácticas y desde lo colectivo; pero sobre todo, añade, la formación política: “es parte de la calidad que debe tener una cooperativa”.

Saucedo habla desde una vasta experiencia. Participó en el Movimiento de Damnificados del Sismo del 85 donde se formaron cooperativas de zapateros y de costureras y se tejieron fuertes vínculos con la cooperativa Pascual. Años después, del 2003 al 2006, fue legislador y presidente de la Comisión de Economía Social. Desde ahí, acompañó luchas de las cooperativas de ahorro y préstamo.

El también integrante del Centro Internacional de Investigaciones de Economía Social Solidaria (CIIESS) de la Ibero afirma que la cooperativa Pascual es considerada emblemática porque viene desde abajo y logró una transformación radical: convertir a los trabajadores en dueños, lo cual conlleva una enorme responsabilidad. Para mantener esas banderas, que siguen vigentes, “se requieren liderazgos como los fueron los socios fundadores y como lo fue Demetrio Vallejo”. 

La Escuela Pascual
Para preparar el cambio generacional, reconociendo los conocimientos de las nuevas generaciones pero al mismo tiempo, la necesidad de abrir un diálogo intergeneracional, la Comisión de Educación cocina un modelo de escuela cooperativista, denominada Escuela Pascual.

Alfonso Sangines, tesorero de la comisión, explica que en dicha escuela se buscará “formar, capacitar y educar en el ámbito cooperativo, en la toma de decisiones, en liderazgo y en el trabajo en conjunto” para que cuando las nuevas generaciones lleguen a cargos de alta responsabilidad, estén bien preparadas y “puedan llevar a la cooperativa justo donde queremos”.

Héctor Martínez y Adrián Neri añaden más elementos: será a través de una plataforma donde además de incluir la historia de Pascual, la lucha de los socios fundadores y de la solidaridad del pueblo, se podrán tomar cursos que servirán para cualquiera de las áreas de la cooperativa. La escuela estará en funcionamiento en este 2026.

Dicho modelo educativo también buscaría formar desde la infancia el valor del trabajo en equipo y la búsqueda de un bien colectivo. “Todos los socios tenemos que educar a nuestros propios hijos en el aspecto cooperativo, el principal reto es mantenernos en el modelo cooperativista”, apunta Sangines, quien a su vez es hijo de un socio fundador y entró a Pascual como obrero general.

Tenemos esperanza 
Francisco Saucedo reconoce la importancia de que existan nuevas generaciones con capacidades técnicas para no depender de otros. Pero añade que es necesario sostener procesos que vayan más allá de lo que ofrecen las nuevas tecnologías, generar conciencia política y recurrir a la documentación histórica.

“No podemos dispensar que las nuevas generaciones no se organicen. Hay que empezar un proceso colectivo que vaya generando una estructura, el poder de la cooperativa, el poder de los liderazgos desde y con la base”. Y concluye: “Tenemos esperanza porque lo hemos hecho antes, las experiencias que hemos tenido, son experiencias colectivas que hay que recuperar”.

Con la lógica de quien inició de obrero y ahora está en el Consejo, Adrián Neri cierra: “Para amar y cuidar a la cooperativa es importante saber que esta empresa viene de una lucha y siempre tenemos que estar luchando”.

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