Burrolandia y Pascual: 20 años juntos en favor de los burros

El Santuario y Parque Temático promueven el turismo de preservación.

Desde tiempos remotos, el burro ha sido un aliado del ser humano. Originario de África, este resistente animal contribuyó al desarrollo agrícola, comercial y hasta en las guerras ha sido utilizado, lo mismo en la nieve que en pleno desierto. Sus largas orejas han captado la historia de la humanidad que hoy amenaza su supervivencia.  

Los burros cruzaron al continente americano con la llegada de los españoles en el siglo XVI. Su crianza estuvo a cargo de comunidades indígenas de nuestro país, favoreciendo su adaptación local.

La modernización tecnológica los desplazó de las ciudades, ahora la mayoría se encuentran en zonas rurales. Según datos del INEGI, en México la población de burros ha caído un 81.2 %. Pasó de 1.5 millones en 1994 a 287 mil en 2022, por lo que se consideran una especie en riesgo de extinción.

Pero como ocurre en las causas justas, surgieron personas conscientes que reconocieron el problema y se unieron para proteger a estos nobles animales. De ese compromiso nace una alianza social con la Cooperativa Pascual.

El primer Santuario de Burros en América
El municipio de Otumba, en el Estado de México, es conocido como el pueblo de los burros. Durante la época colonial, al situarse en el Camino Real México-Veracruz, constituía una parada obligatoria rumbo al centro del país. “Fue un punto estratégico y a la larga un mercado regional de bestias de carga, sobre todo de burros”, relata Germán Flores Sauza, fundador de Burrolandia.

El cariño y agradecimiento hacia esos animales motivaron a Germán a impulsar Burrolandia y además “por necesidad”, debido a la disminución de la población de burros, “la modernidad los ha desplazado y no se le reconoce una función sostenible”.

Germán expone la importancia del trabajo que realiza Burrolandia.

Antes de tomar en sus manos la iniciativa, Flores Sauza propuso la creación de un refugio para los burros a las autoridades municipales de Otumba, después a las del Estado de México, finalmente al Gobierno Federal, pero nunca tuvo una respuesta favorable.

Lejos de resignarse, Germán decide fundar en 2006 Burrolandia, El Primer Santuario de Burros en América. “Tenemos las puertas abiertas a todo el país. Llegan animalitos porque no tienen hogar, no tienen la alimentación segura, o los rescatamos del maltrato”. Y recuerda, “durante la pandemia no parábamos de hacer rescates, pues no tenían para darles de comer”.

Pascual, una marca social
Desde el principio, Germán Flores buscó a la cooperativa Pascual por ser una empresa totalmente mexicana: “Sabíamos que era nuestra mejor opción, pues había nacido también de una lucha, por lo que decidieron ayudarnos desde un principio con este refugio de los burros”.

Alberto Méndez Cruz, gerente de ventas de la sucursal de Tizayuca que actualmente atiende la relación con Burrolandia, señala que Pascual “se caracteriza por vincularse con organizaciones que nacen del pueblo” y agrega “nos identificamos también porque buscamos sobrevivir, aunque no tengamos el apoyo del gobierno”.

El cooperativista reconoce la importancia de Burrolandia, “es el único lugar que se preocupa por este noble animal y por la historia que tiene con Otumba”.

El santuario cuenta con mobiliario proporcionado por la cooperativa, “además se les apoya con la impresión de trípticos, que distribuyen a los visitantes y a lugares que van a promover lo que hace Burrolandia. También dispone de lonas promocionales, y se ha pintado la fachada y retocado el mural de los burros que están ubicados a la entrada”, detalla Alberto.

La reflexión de la importancia del origen de Pascual no se hace esperar, Méndez Cruz la ve “como una fortaleza” y que debe seguirse “fomentando esa unidad con organizaciones sociales, ya que Pascual es un ente emblemático e importante para todo lo que es la parte social”.

Turismo de preservación
El Santuario tiene 3.5 hectáreas y distribuye su población de 101 burros en tres praderas: la de los machos, los adolescentes y donde están las burras con sus crías.

Se organizan recorridos en un camioncito de dos pisos con vista panorámica, desde el que se aprecia el espacio y hace paradas para convivir con los burros, y tomarse fotografías con ellos, aunque está prohibido montarlos. Además, el lugar cuenta con otras áreas, como un salón de eventos y una pequeña cabaña para comer.

El recorrido fomenta la información y la convivencia familiar con los burros.

Son seis personas que atienden a los animales y dan mantenimiento a las instalaciones de Burrolandia. Los fines de semana se suman cinco jóvenes de la Universidad del Estado de Hidalgo, que hacen su servicio social.

Cuando se aborda el punto de la sustentabilidad del refugio Germán tiene claro el panorama, “es la peor idea de un empresario, esto se hace por convicción, por hacer un mundo mejor y aportar a un cambio”. Los gastos diarios rondan los 8 mil pesos, el 70% se cubre con los 1,200 visitantes mensuales, y el resto proviene de apadrinamientos, la compraventa de autos y parte de su pensión.

Y añade orgulloso: “Hemos hecho que se reconozca el turismo de preservación, la gente viene a conocer a la familia Burrolandia, y sabe que funcionamos gracias a la sociedad mexicana”. Germán invita a visitar Burrolandia para alcanzar las 2 mil personas al mes que se necesitan para lograr la sustentabilidad del refugio.

La Feria Nacional del Burro
Desde 1965 se celebra en Otumba la Feria Nacional del Burro. Este año será del 25 de abril al 3 de mayo. Germán destaca que “es un pilar para los otumbenses y es el día más importante, llegan más de 50 mil turistas”. Se organizan concurso de disfraces de burros, de rebuznos, carrera de burros, entre otras actividades.

Burrolandia aprovecha la afluencia de visitantes durante la feria para desplegar pendones informativos y generar consciencia sobre la relevancia histórica del burro, un animal clave en el desarrollo de muchas comunidades y sensibiliza sobre la necesidad de protegerlos del abandono y el maltrato. 

Germán ha planteado a los organizadores de la feria modificar algunas prácticas para garantizar el bienestar de los burros, proponiendo que no se les golpee para obligarlos a correr ni se permita que los adultos los monten. “Que el festejo sea para los burros, que no se abuse de ellos. Y recordemos a los otumbenses que gracias a ese noble animal somos un pueblo mágico”.

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