Cooperativa Biulú fabricará copa menstrual mexicana de calidad

Durante su edad reproductiva, una mujer usa en promedio 16 mil toallas sanitarias o tampones que tardarán entre 500 y 800 años en degradarse. El proyecto social y ecofeminista Biulú quiere contrarrestar está situación, tenemos 25 días para apoyarlas.

Colaboración especial: Eunice Lozada Rosillo
Ciudad de México // 12 de abril de 2019

Por años las mujeres creímos en la necesidad irremediable de usar toallas sanitarias o tampones para controlar el sangrado menstrual. Afortunadamente, en los últimos años el feminismo y la conciencia ambiental han desempolvado a la copa menstrual como una alternativa amigable y ecológica para la higiene íntima de la mujer.

En la cooperativa ecofeminista Biulú están conscientes de todas sus implicaciones positivas y por ello sus integrantes, Aline, Vania y Paola, se propusieron fabricar una copa menstrual mexicana, que, a diferencia de otras marcas nacionales, será diseñada y manufacturada en el país, y si bien, aclaran que ya existe una marca con estas características, ellas saben que ha tenido varias fallas, por ello buscan crear la primera copa menstrual mexicana de calidad.

Su emprendimiento comenzó hace un año y fue avalado por el programa InnovaUNAM Social. Para realizarlo decidieron trabajar en conjunto con Armatoste, un simbiótico de diseño, que se encargará de la planeación y desarrollo de la copa menstrual, bajo el diseño que ellas crearon con todo el conocimiento que han adquirido sobre la producción y uso de la copa.

Foto: Eunice Lozada Rosillo

Como egresadas de la Escuela Nacional de Trabajo Social saben que no basta con crear, vender o distribuir la copa, sino que además se requiere una labor integral que implique educación sexual, reproductiva y ambiental, temas que han trabajado en los cuatro años que llevan como cooperativa, impartiendo talleres por distintos puntos del país y Centroamérica, y orientando en el uso de la copa menstrual a quienes la adquieren con ellas.

Esos encuentros femeninos las han llenado de convicción sobre su quehacer, las experiencias han sido varias: mujeres sin conocimiento de sus partes íntimas, mujeres con tabúes sobre la sangre menstrual; otras que han enriquecido sus talleres con valiosas propuestas o adolescentes entusiastas con madres temerosas. “Lo bonito es que nos dirigimos a esas nuevas generaciones que están abiertas a estas nuevas alternativas”, comentó Paola.

 En esos talleres han trabajado con mujeres en situación vulnerable y de comunidades indígenas, de ellas han aprendido que el tallereo no se trata de imponer un conocimiento o su manera de percibir el cuerpo femenino, sino de complementar los saberes.

Además, han hecho conciencia sobre los privilegios que determinan las distintas manera de ser mujer. “Nosotras sabemos que no todas tienen acceso a la copa porque su precio aún es elevado ( entre 400 y 700 pesos), por eso en el proyecto donaremos una copa menstrual a mujeres de escasos recursos, en la compra de otra, y ofreceremos talleres de educación sexual”,  compartió Aline.

Para lograr su objetivo, la cooperativa debe recaudar 160 mil pesos a través de la fondeadora micochinito.com . Las aportaciones pueden ir desde 20 pesos a 10 mil y en todas habrá una recompensa que puede ser desde productos ecológicos hasta talleres donde lo soliciten. Además las chicas organizan rifas y ventas en su página de Facebook para abonar a la causa.

Ellas saben que el camino que han decidido recorrer implica un esfuerzo doble y confrontar esquemas establecidos, pero la experiencia les ha forjado un posicionamiento político, “somos disruptivas” me afirman con seguridad y una sonrisa cómplice. Es entonces que toma sentido la historia que dio origen a su nombre:

“Biulú significa colibrí en zapoteco, pero no solo elegimos ese nombre por cómo suena, sino por aquella historia en la que tras un incendio en el bosque todos los animales huyen, hasta que de pronto observaron que el colibrí volaba en sentido contrario. Los otros animales no entendían la razón y entonces vieron que el ave acarreaba el agua que podía en su pequeño pico, ¿por qué lo haces?, le preguntaron. Yo también tengo miedo, pero quiero hacer lo que me toca”, narró Vania sobre la determinación del Biulú.

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