Productores y consumidores se encuentran en La Imposible, cooperativa de consumo

Foto: Eunice Lozada

Cada quince días sus integrantes hacen realidad su resistencia a la forma capitalista de consumo y apuestan por el acercamiento y la autogestión.

Colaboración especial: Eunice Lozada Rosillo 
Ciudad de México // 17 de junio de 2019

Una gran polea incrustada en el techo de la casa Tamatz, ubicada en la colonia Obrera en el centro de la ciudad de México, hace posible subir, hasta el tercer piso, decenas de kilos de verduras producidas en Xochimilco y otros alimentos artesanales que serán repartidos a los consumidores de la Cooperativa de Consumo La Imposible.

Que la canasta suba y baje una y otra vez se logra gracias al esfuerzo conjunto de los organizadores y consumidores que han consolidado una nueva forma de relacionarse, ajena a lo tradicional, pero cercana al consumo consciente, ese que se preocupa por saber de dónde vienen sus alimentos, quiénes son los que producen y cómo se les remunera de manera justa.

Cada quince días las y los productores llegan de distintos puntos de la ciudad y lugares cercanos como Morelos, Puebla y el Estado de México, para dejar el encargo que previamente solicitaron los consumidores, a través de una lista de productos enviada por correo electrónico.

Entre otros alimentos y artículos, entregan huevos orgánicos del Ajusco, dulces y botanas de semillas y frutas secas del Tulyehualco; mermeladas de frutas orgánicas de Milpa Alta; yogurt y quesos artesanales elaborados en Coyoacán; antojitos y tortillas hechas con maíz criollo de parcelas poblanas; panes artesanales, salados y dulces, elaborados por otros colectivos chilangos; jabones y shampoos hechos en casa; cervezas y cigarros artesanales, y más de 100 productos registrados en su lista.

Foto: Eunice Lozada

Los consumidores, alrededor de 150 los más activos, ya conocen la dinámica: solicitar su producto, recogerlo y pagar por él un precio que no rebasa el 10% del costo en un mercado tradicional pero que es 20% más económico que en los mercados orgánicos que trabajan como intermediarios. Al final, ellos deciden qué porcentaje extra pagarán para que el grupo gestor tenga  una compensación por su trabajo y se tengan los requerimientos materiales para continuar con las entregas.

Trabajar en el cooperativismo por convicción

Hace cuatro años Luis Bracamontes y Tania Lara conjuntaron su experiencia, desde la agronomía y la biología, para impulsar lo que ellos planearon como una cooperativa de consumo, que ayudara a dar salida a esos productos artesanales que no suelen llegar a los grandes mercados, pero que existen y en muchos casos, son de mejor calidad que los comerciales.

Tras invitar a productores, consumidores e interesados en colaborar en el equipo de gestión de la cooperativa, el primer año les implicó un aprendizaje que les llevó a reorganizar su manera de trabajo y establecer sus  normas actuales de operación.

Por un lado, para integrarse a la cooperativa se establecieron como requisitos que los productores estén conformados como cooperativa o formen parte de un colectivo social  o familiar; que su producción sea ambientalmente responsable y sin repercusiones en la salud; y que apoyen en algún proyecto social, educativo, comunitario o político para favorecer a sus comunidades. Además, no se pueden ofrecer productos similares para evitar la competencia.

Por el otro, al interior del grupo gestor colaboran trece personas involucradas en la academia, la lucha social, el trabajo artístico y el educativo. Si bien, de esas otras actividades dependen principalmente sus ingresos, todos brindan una parte de su tiempo y esfuerzo a la cooperativa bajo la convicción de que, a través del consumo visto como un acto político y al mismo tiempo de lo más cotidiano, se puede transformar la realidad de todos.

Para realizar las entregas quincenales, el grupo está organizado por comisiones que le dan orden al proceso económico y sostienen los ideales del proyecto. Está la comisión de finanzas, la de logística, la de comunicación y la de educación, que es la que tiene más contacto al exterior pues se encarga de trabajar con otros colectivos para compartir su experiencia con La Imposible y lograr que el modelo se replique en otros lugares.

Los días de entrega puede verse por la mañana todo el movimiento de los productores y el grupo organizador; luego, de 1 a 3 de la tarde, llegan los consumidores solo a recoger lo que encargaron, ya con el antojo en la boca. Las verduras orgánicas les saben diferente, qué decir del yogurt casero y las mermeladas, sin duda varios tienen sus productos preferidos.

Pero más allá del intercambio comercial, las y los integrantes de La Imposible afirman que a través de ese proceso cooperativo se ofrecen también redes de confianza y alternativas que anulan la distancia entre productores y consumidores. Además, entre otras cosas, afirma una de sus integrantes, se ofrece una forma de hacer algo revolucionario desde la cotidianidad.

Si estás interesado en participar te sugerimos enviarles un mensaje a través de su cuenta de Facebook llamada “Cooperativa de Consumo La Imposible

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