Pahpaki, diez años de convergencia lúdica

Aprender asuntos fiscales (y todo) con juegos es más fácil.

Redacción La Coperacha

Ciudad de México // 20 de noviembre de 2018

Al pie de las barrancas de Santa Fe, en barrios donde la caguama y la banqueta sirven para socializar, un grupo de vecinos un día toman la capacitación lúdica de Pahpaki. Es sábado y llegan tomados, pero en su contra juega una batería de ejercicios de equilibrio.

Una semana después los vecinos de las colonias La Mexicana, Ampliación la Cebada, Lomas de Nuevo México, El Árbol y Liberación Proletaria llegan a la capacitación sobrios. A partir de entonces las dinámicas fluyen hacia su vida diaria.

Durante el mes que dura la capacitación, las esposas preguntan a Pahpaki qué enseñan en sus talleres porque los señores andan de buenas y hasta juegan con los hijos. Los vecinos, organizados como Tequio Santa Fe, han conseguido un huerto comunitario, un centro de cómputo vecinal, recursos y reconocimientos de diversos actores sociales. Pahpaki se siente feliz y orgulloso.

Con qué se come la convergencia lúdica

En diez años de vida la cooperativa Pahpaki, ha sido reconocida por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social como la única empresa de capacitación lúdica en México. Así, las cerca de seis mil personas capacitadas desde sus cooperativas, empresas, asociaciones de payasos de hospital y trabajadores de la Cruz Roja, cuentan con ese aval institucional.

Tres de los siete integrantes de la cooperativa crearon la metodología que es el sello de su capacitación peculiar, la Convergencia Lúdica, su nariz de payaso. El socio Edmundo Valdez Correau la sintetiza así, jugando se aprende más fácil que con diapositivas.

Pahpaki tiene “todo para formar tu empresa”. Desde la organización, el plan de negocios, la administración, lo fiscal, trabajo en equipo, imagen y marketing. Usa la Improvisación para la resolución de conflictos, el Arte Clown para aprender de los fracasos y la Sensibilización para entender la importancia del trabajo entre compañeros.

Realizar la convergencia lúdica tiene su chiste. “Lo más difícil del juego es que la gente participe, que se quite la pena”. Pero cuando saben que eso mismo puede ocurrir en una junta de trabajo donde no hay para dónde hacerse, la actitud cambia, explica Edmundo.

De traje o nariz de payaso

Capacitar a empresas de renombre como Delloite, Coca Cola y Modelo, o hacerlo con cooperativas y asociaciones vecinales tiene su diferencia. A los primeros, generalmente incrédulos, puede no gustarles relacionarse con todos los trabajadores de la empresa. Pahpaki sabe que “en el cooperativismo la gente llega al taller dispuesta a todo”.

Luego de tres años de capacitaciones en Tlalpan sus números arrojaron 94% de efectividad, con 47 cooperativas constituidas de 50 grupos capacitados. “La Delegación nos pide que las empoderemos y convenzamos que la cooperativa es la alternativa”. Al rato los grupos comienzan a pedir sus recursos, “y la institución nos habla para preguntar qué les estamos enseñando, pues nada más a empoderarse”, destaca la anécdota Edmundo.

Del trabajo con la empresa reconocen que la formalidad la vuelve muy profesional. Del cooperativismo y las asociaciones vecinales, resaltan lograr transformaciones. En opinión de Edmundo “es mucho más satisfactorio capacitar a la gente que ir a la gran empresa”.

Paso a pasito

Pahpaki piensa ir paso a paso, pensar primero en el trabajo del siguiente año antes que se les suba la fama por la década vivida. Aún y con esas reservas pretenden capacitar a lo grande. “Podemos fortalecer el mercado cooperativista, así como capacitamos en Tlalpan, queremos capacitar en todas las alcaldías en la Ciudad de México”.

Sus reflexiones de 10 años se pueden sintetizar en lo duro que es ser cooperativista. Han visto que a las empresas, ni a las cooperativas grandes, ni gobiernos les importa ese rasgo, “a veces siento que hasta nos meten el pie”, afirman.

Pahpaki piensa mantenerse con la nariz roja y el saco cooperativo. Tienen la expectativa de que los cambios en el país se materialicen para las organizaciones sociales, y de entrada, que “el nuevo gobierno quite la ley (cooperativista) neoliberal, para que ya no nos consideren sociedad mercantil sino una sociedad sin fines de lucro”.

Fotos: Pahpaki

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