Pan, Tierra y Libertad, un año

La elaboración del pan es el pretexto para trenzar comunidad.

Colaboración especial de Eunice Lozada
Ciudad de México // 09 de septiembre de 2014

Las manos de quienes conforman el colectivo Pan,Tierra y Libertad no sólo tienen la fuerza para amasar la masa del pan que ofrecen, sino la virtud de compartir su trabajo y sus ideales en cada entrega. Quizá por eso al festejo de su primer aniversario asistieron decenas de personas que no sólo coinciden con ellos en la afición por el pan, sino en la visión que hay detrás de la cooperativa aún en gestión.

Los dos colectivos que conforman a Pan Tierra y Libertad, ambos formados en el trabajo comunitario, decidieron conjuntar esfuerzos desde un gusto en común: el pan artesanal. Para ellos, la relación con sus clientes no es meramente comercial, sino de retroalimentación y construcción, en la que la elaboración y venta del pan es un pretexto para conformar una comunidad activa de la que no sólo salgan propuestas, sino también los lazos necesarios para realizarlas.

La Casa de Ondas en Santa María la Ribera fue el lugar que acogió la celebración. Ahí, el equipo de Revelarte, teatro playback, recuperó y representó ante los invitados los sentimientos y las reflexiones de algunos de los quince miembros panaderos y panaderas sobre su primer año. “¿Qué es lo que has abandonado para armar el proyecto de Pan, Tierra y Libertad?”, les preguntaron, – abandoné la idea de la soledad, de que es mejor hacer las cosas sola, ahora sé que si no funciona un camino en solitario, encontraré otro camino acompañada-, fue una de las respuestas.

Más que en una fiesta, la celebración concluyó en un encuentro donde jóvenes y adultos de generaciones anteriores intercambiaron experiencias y expectativas de lo que buscan con el proyecto Tierra y Libertad. Contaron que su ejemplo para conformar la cooperativa fue la Escuelita Zapatista, donde comprendieron que la autonomía y la libertad implican un control del destino y que se puede construir desde un mundo diferente al individualista que les fue inculcado.

En una tarde en la que los invitados compartieron sus propios proyectos comunitarios o su aportación personal para cambiar sus espacios, todos se hermanaron bajo una sola idea “es necesario cambiar la vida, para cambiar el mundo”. Si bien la cooperativa aún es un proyecto en construcción, el equipo expresó que a futuro visualizan conformar una escuela y una clínica autónomas. Sin duda con su pan no sólo han alimentado al cuerpo, sino al espíritu de sus consumidores y de ellos mismos.

Resulta inevitable retomar uno de los fragmentos de la “Oda al pan” de Pablo Neruda, que fue recitada esa tarde:

(…)
llegará porque fuimos
a sembrarlo
y a hacerlo,
no para un hombre sino
para todos,
el pan, el pan
para todos los pueblos
y con él lo que tiene
forma y sabor de pan
repartiremos:
la tierra,
la belleza,
el amor,
todo eso
tiene sabor de pan,
forma de pan,
germinación de harina,
todo
nació para ser compartido,
para ser entregado,
para multiplicarse.

La Coperacha

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