Colaboración especial, Claudia Caballero

Quienes participamos en el Multitrueke Mixiuhca nos hemos preguntado ¿es posible crear comunidad en la ciudad? y si la respuesta es positiva ¿qué tipo de comunidad podemos construir en la ciudad?  No ha sido una inquietud pasajera, sino una brújula que nos ha acompañado 15 años.

Sabemos no es una pregunta sencilla, ya que esta atravesada por temas como: el territorio, la identidad, la forma en que sostenemos la vida y la autogestión. También hemos aprendido que hablar de comunidad no admite definiciones únicas. En nuestro caso, más que una meta fija, es un proceso en construcción permanente.

Con estas inquietudes en mente, la visita a la Cooperativa Apatzingo, de la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente, se volvió una cita obligada. La invitación al llamado panchotour —como lo nombran con orgullo sus propios habitantes— llegó a la Red de Estudios en Postcapitalismo, gracias al trabajo de César Pineda. Y así, el pasado 9 de abril, emprendimos el recorrido.

Llegar no fue sencillo. Tras varias vueltas por calles de Iztapalapa, de pronto el paisaje cambia. Al cruzar hacia la cooperativa, algo se siente distinto: la seguridad, la confianza entre vecinos, la limpieza de las calles, la presencia de áreas verdes. No es solo percepción; es organización materializada.

Apatzingo ocupa varias hectáreas que hace 32 años fueron tomadas y defendidas para levantar un proyecto colectivo de vida. Hoy son cerca de 600 viviendas, donde la autonomía no es discurso: se practica todos los días. “Los Panchos”, como se nombran, han construido una estructura organizativa muy interesada, cuyo centro es la asamblea general.

Fotos: Sergio Mújica Alcalá

El panchotour nos llevó a puntos clave de la Cooperativa, mientras cada comisión nos exponía su trabajo comunitario con gran satisfacción. Nos explicaron que se organizaban en brigadas de 22 viviendas, que a su vez alimentan distintas comisiones como: educación y cultura, mantenimiento, vigilancia, deportes, comunicación, salud, entre otras.

La clave ha sido la participación de la mayoría de los miembros de la cooperativa. Lo cual es sorprendente, ya que quienes hemos participado en proyectos colectivos sabemos lo arduo que es lograr la participación comprometida de las personas. Los panchos han logrado esto gracias a la educación política que se trabaja a la par de las actividades prácticas de la vida cotidiana.

En la cooperativa tienen su propia radio comunitaria, lo que les permite reflexionar sobre el tipo de música y contenidos que quieren compartir. También cuentan con su casa de salud donde las personas pueden hacer chequeos de enfermedades comunes como diabetes o hipertensión, así como una farmacia viva hecha de microdosis y herbolaria.

Se pone mucha importancia a las infancias a través de la comisión de educación y cultura, se proponen talleres y contenidos para lxs niñxs, donde se trata de orientar a las infancias de una manera muy respetuosa, pero creando alternativas en una zona influenciada por la narcocultura y en general invadida de violencia.

Los panchos han buscado soluciones en puntos clave como la crisis hídrica, construyeron su propia planta potabilizadora de agua y tienen un sistema de recarga de los mantos acuíferos y captación de agua de lluvia. También están dando pasos a la soberanía alimentaria con un huerto dentro de la cooperativa y buscan ampliar esta práctica entre los miembros. Lo que se respira en Apatzingo es inspiración pura para quienes vivimos en la ciudad. Después de visitar esta experiencia, queda claro que la respuesta a la pregunta: ¿es posible crear comunidad en la ciudad?, es un rotundo SÍ. Esta experiencia demuestra que, en medio del ruido urbano, la comunidad no es una idea romántica, sino una posibilidad real cuando hay organización, voluntad y horizonte compartido.

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