
Desde la Comunalidad
Jaime Martínez Luna
Guelatao de Juárez, Oaxaca
Para los MEXICANOS, los pueblos originarios aparecimos por allá del 38 del siglo XX, cuando a Cárdenas se le ocurrió atender nuestra existencia a través de un Instituto Nacional Indigenista, que fijaba el interés público sobre nosotros. De ahí en adelante muchos ojos y manos se posaron sobre nosotros, principalmente para llevar El Progreso a nuestras comunidades. Como desarrollo eran las carreteras, la electricidad, las escuelas, pues eso se nos llevó. De ahí en adelante se practicó una política de integración nacional, en las que nuestra experiencia siguió siendo ignorancia, incluso rebeldía. Nuestra naturaleza de la cual dependíamos, estaba casi intacta, claro el despojo y la invasión permanente a nuestros territorios se veía por todos lados. Se reconocía nuestra existencia, pero se nos despojaba de nuestras fuentes de vida, como sigue sucediendo hasta la fecha, solo que ahora se hace disque legalmente.
El hecho de que hasta 2024 se nos haya reconocido como sujetos de derecho público, hace ver que siempre hemos habitado estas regiones sin que se notara o afectara nuestra sobrevivencia. Y eso que somos el orgullo cultural de una República mestiza. Que somos lo que más se presume, pero siempre nuestra realidad se esconde como la basura debajo del tapete. Claro, para que esto sucediera hubo que pasar y ser ejecutadas muchas medidas para que desapareciéramos como pueblos originarios. Lo más efectivo fue la educación integradora que desapareció nuestras lenguas propias y con ello, nuestras filosofías que apunta de una constante reproducción oral, nuestros viejos han impedido que suceda completamente.
Estamos a diario en primeras planas de la prensa, siempre como víctimas del asedio desarrollista, siempre como víctimas de una violencia sanguinaria que provoca la permanente invasión de nuestros territorios, siempre con argumentos de beneficio público, como lo son las carreteras, que solo introducen bienes de Capital, que terminamos consumiendo a pesar del daño que nos hacen. Se nos sigue integrando al desarrollo capitalista, lo mismo que los clérigos hicieron para consolidad su poder colonial.
Es decir, a pesar de ahora ser sujetos de derecho público, y de que por más de un siglo se ha investigado a nuestras comunidades, aún no se nos reconoce como depositarios de un modo de vida específico, que tiene en forma y contenido una argumentación científica de nuestros hacer y pensar, o sea, que somos una Civilización actuante y pujante para el diseño de una visión Comunal, a pesar de ello, se nos sigue tratando interculturalmente, con la misma asimetría de siempre.
Se nos halaga públicamente, pero se ignora la capacidad para enseñar al resto de la República a través de una visión vivencial integral que explica el resplandor de nuestros ancestros. Lo que podemos aportar al mundo se le niega al mundo disfrutarlo, pero eso sí, se hace mucho ruido de la consulta a nuestras comunidades para Emitir una ley que salvaguarde nuestros derechos. Debemos tener claro que lo individual contradice lo comunal natural que nos permite hacer la vida integralmente. Una ley no puede normar lo comunal porque le faltaría el respeto a la diversidad. Es por eso que suena nuevamente irreverente la consulta para definir una normatividad acorde a nuestra filosofía.
Pese a todo, por lo menos se han dado cuenta de nuestra existencia, que al ser Pueblos Originarios algo tenemos de valor al hacernos presentes (después de siglos) en este juego que decide desaparecernos iluminando el futuro con nuestra vestimenta, con nuestra labor cotidiana, con nuestra capacidad de existencia natural.
Imagen: Damián Lescas (Ciudad de Oaxaca, 1974). Sin título.
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