Colaboración especial: Claudia Caballero, del Multitrueke Mixiuhca; Beatriz Ortiz y Mario Flores, de la REMECC
Del 31 de julio al 2 de agosto se celebró la 25ª Feria Nacional de Productores y Consumidores “Por una Vida Digna y Sustentable”, un espacio donde la economía se entiende como encuentro, reciprocidad y comunidad antes que como competencia. Y donde compartir tu producto, incluso como regalo u ofrenda es lo que realmente llena el corazón. De aquí el logo de la Red Mexicana de Comercio Comunitario (REMECC) hace alusión a una figura ofrendando.
La feria, organizada por la REMECC, reunió a redes de productores, campesinos y artesanos provenientes de Puebla, Aguascalientes, Michoacán, Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, Querétaro, Jalisco, Ciudad de México, Morelos y Estado de México. Si bien solemos hablar de comercio comunitario, es importante citar a Tere Martínez, ideóloga e impulsora de esta feria, quien siempre se refirió al “mercadeo comunitario ” como una forma de reivindicar la importancia de los mercados locales, tianguis y ferias.
La REMECC tiene una historia que comenzó en 1992, cuando organizaciones sociales, grupos campesinos y pequeños productores apostaron por tejer redes de comercialización comunitaria a escala local, nacional e internacional. Hoy día esa visión se hace vida en varios espacios en América Latina, como la Red Latinoamericana de Comercialización Comunitaria (RELACC), con sede en Quito, Ecuador, y la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (RIPESS).
La Feria Nacional por una Vida Digna y Sustentable ha logrado mantenerse durante un cuarto de siglo porque nunca se limitó a ser un espacio de ventas. Desde sus primeras ediciones, la apuesta fue crear un espacio para compartir productos, saberes y experiencias. La red Tláloc, primera moneda comunitaria en México, así como el Centro de Desarrollo Agropecuario (CEDESA) fueron clave en la concepción e impulso de aquellas primeras ferias.

Uno de los rasgos que han dado identidad a la feria es el uso de monedas comunitarias. Durante muchos años circuló el Mezquite, una moneda generada por la Red de Productores de la Cuenca de la Independencia (REPROCI) bautizado así en honor al árbol que caracteriza la región por su capacidad de conservar agua, ofrecer sombra y alimentar con el fruto de sus semillas. En la pandemia la REMECC reflexionó la necesidad de contar con su propia moneda, fue así que surgió el Teocintle, considerado el ancestro del maíz. Desde entonces durante la feria, circula la moneda Teocintle.
Estas monedas históricas han inspirado a numerosas redes del país, para crear sus propias monedas comunitarias. Así surgieron experiencias como el Esmeril en Aguascalientes, el Minero en Hidalgo, el Cazahuate en Morelos o la Granadina en Puebla, entre otras iniciativas que buscan fortalecer economías locales y cuestionar la dependencia del dinero convencional.
Como ocurre cada año, uno de los momentos más esperados fue el Conversatorio de Monedas Comunitarias. En esta edición, las reflexiones comenzaron con un performance colectivo. A través de disfraces y representaciones simbólicas, participantes de distintas redes personificaron aquello que desean transformar: el sistema financiero, la contaminación y la violencia. Después invitaron al público a intervenir esas figuras con elementos vinculados a la naturaleza, el cuidado y la alegría, convirtiendo la actividad en una reflexión compartida sobre el tipo de sociedad que se quiere construir.
El diálogo posterior reunió voces con amplia experiencia en el impulso de monedas sociales. Participaron Silvia González, de Querétaro, con la experiencia del Verdillete; Claudia Caballero, de la Ciudad de México, con la Mixiuhca; Luis Cervantes, de Hidalgo, impulsor del Minero; Cristian de Tlacolula, Oaxaca, quien compartió como vive el trueque en su región; Martha, de Morelos; Mario, de Puebla, quien compartió la historia y significado del Teocintle; y Beatriz Ortiz, quien hizo un llamado a fortalecer la articulación entre redes y preparar un próximo encuentro nacional.
En general durante la feria se llevaron a cabo cinco conversatorios, con lo que la feria se convierte también en un espacio de formación muy importante para los productores y consumidores.
A veinticinco años de su primera edición, la Feria Nacional Vida Digna continua a pesar de los obstáculos y nuevos retos, por la auténtica alegría del compartir, saber que en cada intercambio hay un abrazo, hay esperanza… ese es el mercadeo amoroso que se construye en comunidad.
Colaboraciones anteriores:
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Multitrueke Mixiuhca, donde la economía vuelve a tener corazón





























