Necesitamos murales que tengan patas y acompañen las luchas obreras: Mauricio Gómez Morín

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La historia del mural que da la bienvenida y nombre a la Galería de Pascual.

La misión era dar con el autor del mural “Memorias de Utopía”.  Mural que dio nombre a la galería de la Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte, que da la bienvenida al recinto, y que fue firmado por Mauricio Gómez Morín hace 34 años, en 1992.

El lienzo en cuestión, de 3.66 por 4.88 metros, contiene un imponente cacto transfigurado en puño, sembrado en una maceta de barro con el relieve del Pato Pascual, del cual nacen varias ramificaciones que son, a su vez, otros puñoscactos coronados con espinas, flores y la leyenda MemoriasDeUtopía 1982*1992. La interpretación artística de la lucha obrera de Refrescos Pascual.

Una comisión de la Fundación Cultural Pascual y La Coperacha cogimos por la serpenteante carretera CDMX-Tepoztlán y llegamos a una zona donde se pierde la señal 5G, 4G, y en general, todas. La única manera de encontrar el domicilio que traíamos anotado en un papelito era preguntar a vecinos del pueblo que vive a orillas del cerro del Tepozteco.

Es pintor y es mi amigo, sigan todo derecho en esta calle, hasta donde se acaba, nos dijo un adulto mayor que estaba en una tiendita. Nos recibió un zaguán café con cicatrices del tiempo, colgaba de él un anuncio tallado en madera con la leyenda se afilan cuchillos y machetes. Una virgencita morena estencileada en rojo y un par de perros pastor australianos, estaban en la entrada.

Amable, Mauricio Gómez Morín nos invitó a entrar a su casa-taller rodeada de árboles. Colgaban de sus muros cuadros, sombreros, esculturas, y luego más cuadros, más sombreros y más esculturas. Al fondo, un biombo intervenido con arte y una biblioteca. Un gato y un confianzudo perrito chihuahua completaban el lienzo. 

Mauricio Gómez Morín da la bienvenida a su casa, al fondo “el Che” atestigua

Arte con conciencia social
Charlamos. Gómez Morín se acordaba de su vínculo con Pascual 41 años atrás y del mural Memorias de Utopía pintado en 1992, pero sus recuerdos tenían neblina en los detalles. Estudió pintura en los años 80 en la escuela La Esmeralda, del Instituto Nacional de Bellas Artes, y como a muchos artistas, le pidieron colaborar para el arranque de la cooperativa.

“En esos años se empezaron a generar grupos artísticos con una idea muy distinta al artista solitario”, no el que pinta para las galerías, sino el que lo hace como un recurso de concientización, un arte social “para la vida, para la comunidad”, indagó en sus recuerdos.

Uno de los maestros de esas generaciones fue el artista Alberto Híjar, un sobreviviente de la Guerra Sucia en México de los años 70 y fundador del Taller de Arte e Ideología (TAI), a quien Gómez Morín reconoce como iniciador.    

Murales que tengan patas
En aquellos años Mauricio Gómez Morín, junto con Joaquín Conde, Yolanda Hernández, Carlos Oceguera y Silvia Ponce, formaron el Grupo Germinal, y empezaron a vincularse con sindicatos, asociaciones de vecinos y, en general, con el movimiento social.

Gómez Morín asume que el movimiento artístico de los años 80 hereda la tradición del movimiento muralista mexicano. Son herederos de Orozco, Siqueiros y Rivera. “No hay muchos países que tengan esta experiencia, donde los artistas se vinculan a los obreros, a los trabajadores, a las luchas sociales”, reflexiona. 

Gómez Morín y sus estudiantes del Taller de Gráfica Monumental, en los setenta

“Dijimos: necesitamos murales que tengan patas porque tiene que servir a la lucha y la lucha se da en la calle, en las marchas. Fue nuestra pequeña colaboración. (El mural) ya no va a estar pegado en una pared, ahora va a estar caminando en la calle en una marcha”.    

La solidaridad de artistas plásticos
El 18 de mayo de 1982 arrancó la lucha de los obreros de Pascual y para 1984, tras larga resistencia, marchas y solidaridad social, ya tenían dos laudos a su favor. Se otorgaron como pago las marcas, patentes y maquinaria, sin embargo, necesitaban recursos para echar a andar la cooperativa.

La boliviana Ingrid Koester fue quien ideó solicitar obra de artistas plásticos para hacer una subasta y con esos recursos iniciar los trabajos de la ahora fábrica colectiva. Koester logró la donación de casi 700 obras de 400 artistas que provenían del Salón de la Plástica Mexicana, del Taller de la Gráfica Popular, de la escuela La Esmeralda, entre otros sitios.

Pascual realizó una primera  exposición en el Museo del Carmen en San Ángel en marzo de 1985, y una segunda, con el objetivo de subastar la obra, el 26 de julio en el Palacio de Minería. La subasta no consiguió vender nada, no eran tiempos propicios, pero la donación fue la semilla de la Fundación Cultural Pascual que se formalizó el 19 de octubre de 1991, hace 35 años.

Un año después, en 1992, para conmemorar la primera década del inicio de la lucha obrera se montó en Clavijero 60 la exposición “Memorias de Utopía”, enmarcada por el mural con patas de Gómez Morín.

Memorias de Utopía
Saúl Salomón, sindicalista del INBA, primer museógrafo y curador de la Fundación Cultural Pascual, recuerda los sucesos así: “Ingrid Koester trajo al compañero Mauricio Gómez Morín y él pintó la carátula de Minería: «De los Trabajadores del Arte a los Trabajadores de Pascual» (una manta de tres por dos metros, con un obrero pintando con un overol de Pascual y abajo un perrito)”.

“Años después, cuando hacemos la exposición en Clavijero, les sugiero que busquemos a Gómez Morín, le dijimos que si se hacía cargo ahora de la carátula de la Fundación Cultural Pascual; una maceta con casi nada de agua pero que crece y crece, se volvió un ícono”.

“El cacto también es un un puño, un puño de lucha”, describe Gómez Morín

Gómez Morín recuerda que fue Valentín Bautista, primer presidente de la Fundación Cultural Pascual, quien lo buscó para pintar ese mural. Dos días y dos noches seguidas trabajó el artista plástico en el galerón de Pascual. Valentín le llevaba de comer y le apoyaba en todo. La idea del mural era: “el cacto es árido pero es fuerte; dura, vive mucho, es energía; por eso el cacto también es un un puño, un puño de lucha”. 

Va más allá: el título evoca “a la utopía política, la utopía subversiva, a las utopías, digamos, de izquierda, a la reconformación del mundo, a la lucha contra la pobreza, contra la desigualdad”. Pero sobre todo, esa consigna significa “que el arte está conectado con la vida, con la vida del pueblo, con los sucesos de la vida”.

“Me sentía muy contento y honradísimo, fue muy importante para mi carrera porque dije: «estás en la fachada y ahí te vas a quedar»”.

“Amo a Pascual con todo mi corazón por su lucha, por su entrega, por lo que han logrado”, expresa un emotivo pintor social. Reconoce que tener una fundación cultural así “es modélico”, porque “no viene de arriba, de unos intelectuales, sino del movimiento obrero que se genera la necesidad y se genera la solución”.

Salimos de la casa taller de Gómez Morín en Tepoztlán con la misión cumplida. Él también recuperó un vínculo grande y quedó abierta la posibilidad de volver a exponer en la galería que ayudó a nombrar con su mural.

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