Desde la Comunalidad

Jaime Martínez Luna

El Gobernador de Oaxaca ha anunciado una nueva Constitución para la entidad. El anuncio genera en los interesados un sin fin de preguntas. Y no es para menos, Oaxaca se ha distinguido dentro de la República Mexicana como una entidad fuera de serie.  Ostenta el mayor número de Culturas propias, habla 16 lenguas distintas, con más de cien variantes dialectales, pero sobre todo está conformado o integrado de más de 10 mil comunidades que en un 70% poseen de manera Comunal su territorio.

La tenencia Comunal le genera a la entidad un natural y muy claro modo de vida fundado en una amplia participación efectiva de sus habitantes, que recientemente se ha denominado Comunalidad.

La Comunalidad como modo de vida, no coincide con el pensar y razonar liberal, que se funda en el individuo, en la propiedad privada, de ahí la cantidad de inquietudes de una Constitución, que, sin representar a Oaxaca, lleva doscientos años de imponerse liberalmente a un Oaxaca Comunal.

En otras palabras, Oaxaca durante 200 años ha vivido la imposición de una Constitución que no respeta su diversidad cultural y existencial. Eso reafirma que ha habido dos Oaxacas, el Constitucional y el Natural. El solo hecho de que en 1995 el 80% de municipios se hayan registrado como municipios de sistemas normativos internos, da muestra de la consciencia Comunal que existe en la entidad.

Obviamente se desea una refundación en Oaxaca. Juchitán está proponiendo una refundación repensando a Juchitán, y es muy claro que en los sistemas normativos encuentren los Juchitecos un camino para crear una gobernabilidad distinta, en la que los partidos políticos no sean el eje de los acuerdos políticos.

Esto representa para la liberalidad actual un reto enorme. Aceptar que se está sobre el Oaxaca Natural y real, exige una refundación profunda, exige reconocer que en Oaxaca se ha vivido una ficción política. Exige reconocer que se gobierna a Oaxaca, bajo premisas civilizadoras Coloniales, es decir, que se le impone una forma de organización que no se funda en su manera de vivir. Se exige reconocer que, bajo un razonamiento político y económico ajeno, se gobierna una región que tiene en su filosofía elementos que le garantizan armonía, y propias formas de solucionar sus conflictos.

Analizar Oaxaca en la presente coyuntura, podría decirnos que está a punto de incendiarse, pero lo curioso es que es lo contrario, no pasará nada, en virtud de que el 80% de su población tiene entre sus instituciones una asamblea que le garantiza la participación, y que la estructura republicana no es de práctica comunal.

Lo que sí es digno de señalarse y proponerse, es que los cambios jurídicos que se avecinan aprendan del Oaxaca real, es decir, que una nueva constitución repose en la sabiduría de sus pueblos, en la experiencia concreta de doscientos años de convivencia respetuosa. Que una próxima Carta Magna para esta entidad tenga a la Comunalidad como dinámica de realización social.

Y no solamente Oaxaca debe aprender de la población Comunal, sino el país y el mundo entero. Comunalidad no es un procedimiento social que sea resultado de las condiciones históricas de Oaxaca solamente, es una dinámica natural que sigue cualquier esfuerzo de sobrevivencia en cada contexto, por agreste o difícil que este sea. Claro, la tenencia Comunal de la tierra estimula plenamente el respeto entre su población, el trabajo o labor colaborativo, obteniéndose una reciprocidad inmediata sana y reflexiva.

Sin embargo, no se pueden esperar cambios profundos. La visión individualitaria, fortalecida por el gobierno federal, con un humanismo antropocéntrico, una estructura política liberal y partidaria, difícilmente entenderá la profundidad Oaxaqueña al grado de elevarla a ser un razonamiento Constitucional. Es decir, las élites en Oaxaca protegerán sus intereses, lo que se traducirá en el estímulo al derecho positivo, escuela de la que no se apartan las escuelas de derecho en la entidad. El debate cobrará una importancia inusitada, pero no en las comunidades, sino en las instituciones gubernamentales.

Por lo tanto, estamos ante el peligro de ver cambios de redacción, no cambios substanciales que reivindiquen la experiencia de Oaxaca.

Cierto, vivimos tiempos de necesarios cambios de profundidad, de que se entienda que Oaxaca transmite otra civilización, que es propia, natural y genuina, a la que solo se le alcanza a ver la parafernalia, la vestimenta, todo su exterior que termina en folklorización. Pero no perdamos la esperanza. Quizás la misma coyuntura permita ciertos atrevimientos. Eso sí, una pregunta persiste: ¿Lo Comunal será legislable? Y de no serlo, ¿cómo puede defenderse en un campo jurídico ajeno?

Imagen: Graciela Iturbide (Ciudad de México, 16 de mayo de 1942). Nuestra Señora de las Iguanas.

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