Pueblo Hñähñu – Otomí en resistencia ante despojo cultural

Iconografía Flor y Canto en resistencia // Foto y tejido: Trinidad González García

La iconografía indígena significa el resguardo de los saberes y la vida comunitaria: Guardianas de la Cultura Ancestral.

Las palomitas blancas bordadas en la imagen forman parte de la iconografía ancestral del pueblo Hñähñu – Otomí del Valle del Mezquital, Hidalgo, conocida como Flor y Canto. Son parte de su cosmovisión y está plasmada en el vestido, la gastronomía, la poesía, la pintura y en la vida comunitaria. Tradicionalmente se representan de frente, y cuando así ocurre, significa que resguardan la vida, los saberes y las historias de su pueblo, pero también que están en comunión, se miran y se comunican entre ellas.

Sin embargo, estas palomitas mirando hacia lados opuestos están en resistencia. Fueron tejidas por Trinidad González García, bordadora y vocera del colectivo Guardianas de la Cultura Ancestral del Pueblo Hñähñu, durante una defensa legal en contra de una apropiación cultural indebida de una particular. Las palomitas mirando hacia afuera significa que tienen “la responsabilidad de ponerse en alerta, hablar hacia afuera y resguardar lo que somos”, explica Trinidad.

Apropiación cultural indebida
El jueves 23 de abril se celebró la tercera audiencia de desahogo de pruebas en el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor), en un juicio promovido por integrantes del pueblo Hñähñu por robo cultural de la iconografía Flor y Canto y otros registros, para uso comercial de la empresaria Alejandra Leal.

Las Guardianas de la Cultura Ancestral exigen una disculpa pública, la garantía de no repetición y resarcimiento de daños. “Es lo justo y lo correcto”, dice Trinidad entrevistada por este medio. Sin embargo, se ha llegado a la tercera audiencia, porque en las previas, audiencias conciliatorias, no hubo ningún acuerdo. La empresaria y su equipo legal no reconocen haber cometido ningún error en el uso de la iconografía y dicen que es indignante pedir una disculpa pública.

Entre los argumentos presentados por las Guardianas de la Cultura Ancestral, con respaldo del Centro de Estudios y Derechos Culturales Chimalli (que a la fecha no han cobrado un peso), está un peritaje elaborado por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) donde determina que la iconografía en cuestión sí pertenece a la cultura del pueblo Hñähñu – Otomí aunque no es exclusiva del Valle del Mezquital.

El propio INPI ha ido cancelando hasta 5 registros de marca (así como las denominaciones “DA´MUI NXUTSI” y “DAMUI NXUTSI”) que la empresaria Leal había hecho desde 2019. Durante el proceso, que inició en 2023, la empresaria ha denunciado por difamación y por el uso de su nombre a la comunidad, e incluso demandó al INAH. La resolución del Indautor se dará en dos o tres meses.

Discriminación y violencias
En un documento elaborado por la defensa legal del pueblo Hñähñu se denuncian malas praxis y ejercicios de violencias cometidos por individuos concretos, empresarios y trabajadores de instituciones de gobierno. También se denuncia la falta de consulta libre e informada, decisiones unilaterales de instituciones y actos tendentes a favorecer la apropiación cultural, por facilitar los registros.

Además señalan que con esta apropiación cultural indebida se cometieron actos de discriminación en contra el pueblo Hñähñu-Otomí por razones étnicas, culturales y de género, y se fomentan y fortalecen estereotipos raciales, culturales y de clase.

Chimalli plantea que el despojo cultural es una violencia de facto, articula diversos mecanismos como la violencia de género, la cultural, la simbólica y la estructural. También existen impactos culturales, pues la despersonalización de la cosmovisión de los pueblos desplaza sus significados espirituales y culturales. Con ello, se puede caer en la explotación laboral indígena, la trivialización y la descontextualización de prácticas, símbolos o tradiciones culturales.

De la sorpresa a la resistencia
Las bordadoras, las tejedoras y toda la comunidad Hñähñu – Otomí del Valle del Mezquital se enteró del uso comercial de su iconografía en 2023. “Fue algo que me impactó, que me dolió, que me lastimó”, dice Trinidad González.

En un acto público la empresaria Alejandra Leal y autoridades del gobierno de Hidalgo presentaron a una muñeca con la iconografía del pueblo Hñähñu como embajadora de la mujer otomí. Posterior a eso, en una entrevista la empresaria señaló que esa muñeca era suya y amenazó con llevar a tribunales a quien se atreviera a hacer algo similar.

Las tejedoras comenzaron a investigar y se dieron cuenta de la existencia de los registros desde 2019. Pero además entendieron que no era un problema personal.

“No era un sentimiento individual, aislado. Nos dimos cuenta que no era un problema solamente de artesanas, no era un problema del tejido o del bordado, sino era un tema mucho más amplio y se empezaron a involucrar cocineras tradicionales, maestros, pintores, poetas, escritores de la cultura otomí. Entendimos el uso de esa iconografía como parte de la vivencia diaria de la comunidad otomí”.

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